Las palabras importan

Comunicación

 

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  2. Las palabras importan

Un artículo escrito por Raquel García del Cid, Directora Técnica de Grupo P&A.

Hablar en público sigue siendo una de las asignaturas pendientes para muchos profesionales. Por otro lado, cada vez se tiende a dar más visibilidad a las personas en sus departamentos, encomendándoles la labor de presentar o defender propuestas dentro de la organización o incluso representando a sus compañías en foros externos.

En muchas de las formaciones que P&A lleva a cabo sobre habilidades de comunicación la pregunta se repite: ¿Cómo mejoro mis presentaciones?

Dentro de los aspectos que trabajamos en estos talleres, hay uno que me parece especialmente relevante y que puede dar buenos frutos con unos cambios relativamente sencillos: el uso intencional del lenguaje. Más concretamente, la elección de las palabras.

En esencia, hablar en público es elegir palabras. Y elegirlas bien marca la diferencia entre una buena presentación y una presentación que conecta, que deja huella en quien la escucha.

Sin embargo, se suele pasar por alto. Las personas están más preocupadas en dominar la postura corporal, estructurar la presentación o vencer el miedo escénico…Todo esto es importante, sin duda, pero ¿Te has parado a pensar en el significado preciso de las palabras que escoges? Bueno, no escoges, es fruto de la improvisación y por eso quizá no tienes el alcance que te gustaría.

Pongamos por ejemplo los inicios en una presentación. En el 98% de los casos (me estoy inventando el %, pero os aseguro que es casi siempre) las personas empiezan con: “He venido a…” y sigue con un…”me gustaría contaros un poco…” ¡Venga, seguro que puedes ser más creativo!

¿Qué hacemos entonces? Para mí el secreto es elegir bien las palabras. Un exceso de palabras innecesarias genera ruido. Palabras vagas generan confusión. Palabras mal elegidas generan rechazo. Por eso, la elección del vocabulario es clave en cualquier persona que quiera comunicar con mayor eficacia e impacto.

El castellano es una lengua extraordinariamente rica. Contamos con miles de palabras para expresar ideas similares, pero ninguna es exactamente igual a otra. Cada término encierra un matiz, una intención, un significado diferente. No es lo mismo “decir” que “afirmar”, “describir” que “analizar” o “recomendar” que “pedir”. Cuando hablamos en público, esos matices no son un adorno: son una herramienta de precisión. Nos permiten ajustar el mensaje al contexto, al público y al objetivo que perseguimos. No hablamos igual ante un comité de dirección que ante un equipo técnico o un grupo de clientes.

Sin embargo, esta riqueza contrasta con un uso muchas veces pobre e impreciso del lenguaje. Abundan las muletillas y expresiones vacías como “te voy a contar un poco”, que no solo aportan contenido, sino que debilitan el mensaje, restan autoridad y transmiten inseguridad. Cuando alguien comienza una intervención diciendo “te voy a contar un poco…”, el mensaje implícito es que lo que viene a continuación no está del todo pensado o no es del todo concreto. En cambio, decir “me voy a centrar en estas tres ideas clave” transmite orden, intención y dominio del contenido.

Otro ejemplo de riqueza del lenguaje lo encontramos en los adjetivos. Para algunas personas todo es importante o super o mejor aún, ¡super importante! ¿Por qué no crítico, relevante, significativo, crucial, fundamental, esencial, valioso, principal, trascendental, sustancial…?

Ser impecables con el lenguaje no significa hablar de forma rebuscada o artificial. No se trata de impresionar con palabras difíciles, ni de sonar “culto”. Al contrario, significa hablar con intención, con palabras claras, exactas y bien elegidas. Un buen orador llena el espacio de significado. Cada palabra que utiliza tiene una función: explicar, emocionar, convencer o movilizar a su audiencia.

Por eso, una de las mejores maneras de mejorar nuestras presentaciones es ampliar nuestro vocabulario de forma consciente. Leer con atención, anotar palabras nuevas, buscar sinónimos, preguntarnos si existe una forma más precisa de expresar una idea. Cuanto mayor es nuestro vocabulario, mayor es nuestra capacidad de pensar con claridad y de comunicar con impacto. No se trata de usar palabras complicadas, sino de tener opciones y elegir la mejor en cada momento.

Ampliar el vocabulario no es un ejercicio intelectual abstracto, es una habilidad práctica que se entrena como cualquier otra competencia de comunicación. Y cuánto más hablamos en público, más evidente resulta que pensamos mejor cuando tenemos más palabras.

Aquí te dejo algunas recomendaciones si quieres trabajar en ello.

1. Leer con intención

Leer mucho ayuda, pero leer con foco ayuda más. Cuando leas artículos, libros o informes:

  • Subraya palabras que no usarías habitualmente.
  • Pregúntate: ¿qué aporta esta palabra frente a otra más común?
  • Anota solo aquellas que puedas usar en contextos profesionales.
  • Crea tu propio diccionario activo: prepara una lista con 5-10 nuevas palabras y escribe una frase profesional con cada una.
  • Oblígate a usar al menos una nueva palabra en la semana siguiente. Puede ser durante una reunión, presentación o email. Una palabra que no se usa, se olvida. Una palabra que se usa varias veces se integra de forma natural en el lenguaje habitual.

El objetivo no es acumular términos raros, sino palabras que mejoren tu precisión al expresarte. Ampliar vocabulario útil, te permite ganar opciones, siendo capaz de elegir la más adecuada en cada situación.

2. Sustituir muletillas

Otra práctica muy poderosa consiste en identificar y eliminar conscientemente las muletillas que utilizamos al hablar. El primer paso es detectarlas. Haz un inventario de tus coletillas habituales:

“un poco”, “básicamente”, “de alguna manera”, “lo que viene siendo”.

Una vez identificadas, el reto no es solo quitarlas, sino sustituirlas. Busca una forma distinta de expresarlo:

  • “Te voy a contar un poco…” –> “Voy a explicar tres ideas clave”
  • “Básicamente es…” –> “Esto implica…”/”Esto supone…”

Con la práctica, estas sustituciones dejan de ser forzadas y pasan a formar parte natural de nuestro lenguaje.

3. Trabajar con sinónimos

Trabajar con sinónimos es otra vía muy útil, siempre que lo hagas con criterio. No todos los sinónimos son intercambiables. Dedica tiempo a comparar palabras cercanas:

  • Decidir, escoger o determinar apuntan a acciones similares, pero transmiten niveles distintos de firmeza.
  • Problema/reto/dificultad, generan marcos mentales distintos en la audiencia.

Pregúntate:

  • ¿Cuál transmite más firmeza?
  • ¿Cuál encaja mejor con este público?
  • ¿Cuál refleja mejor mi posición?

4. Escuchar e imitar buenos comunicadores

Escucha ponentes, docentes, líderes, formadores, fijándote no solo en qué dicen, sino en cómo lo dicen:

  • ¿Qué palabras utilizan o repite?
  • ¿Cómo introducen una idea clave?
  • ¿Cómo refuerzan una idea importante o argumento?

5. Preparar presentaciones con cirugía verbal

Antes de una presentación, revisa el texto y pregúntate:

  • ¿Qué palabras sobran?
  • ¿Dónde puedo ser más preciso?
  • ¿Estoy usando términos vagos cuando podría ser concreto?

Cambiar una sola palabra puede elevar el impacto de una idea.

6. Expresar las mismas ideas de distintas formas

Una misma idea se puede expresar de distintas maneras. Prueba con esto:

  • Prepara distintas formas de iniciar tu presentación.
  • Busca distintos ejemplos para aclarar una idea.
  • Entrena 2-3 formas distintas de presentar un concepto, una misma frase o una idea.

En definitiva, ampliar el vocabulario y usarlo de forma precisa es un trabajo consciente, progresivo y absolutamente práctico. Cada palabra nueva que incorporas es una herramienta más para pensar, convencer y conectar. Hablar bien no es hablar más: es decir mejor. Y cuando hablamos en público, las palabras no solo comunican: construyen tu credibilidad.

Si eres de las personas que también quieren mejorar en sus presentaciones, te animo a que empieces a trabajar tu lenguaje. Elegir bien las palabras no es un detalle menor. Es una de las competencias más poderosas – y más entrenables – de cualquier comunicador.

Con un poco de práctica notarás que eres más flexible durante tus presentaciones, que muestras más fluidez y agilidad mental para explicar ideas complejas y que no te sentirás bloqueado por haber memorizado una frase de forma concreta.

Ahora ya sabes por donde empezar: toma conciencia de tu lenguaje y prepara, no improvises.

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