«El éxito no es la victoria, sino todo lo que has peleado por ganar». (Rafael Nadal)

 Introducción.

A lo largo de la Historia del Pensamiento se ha discutido mucho acerca del origen de la conducta: ¿Es la herencia o el medio ambiente ? Un eminente etólogo, Irenäus Eibl-von-Eibesfeld, publicó un libro con el título de «El hombre preprogramado», en el que defendía la influencia de la genética en la conducta. Por otro lado, numerosas tendencias, especialmente el conductismo, eran partidarias de la influencia del medio ambiente. Obviamente, esta polémica se refiere básicamente a aspectos comportamentales, no rasgos físicos, ni fisiológicos.

En este artículo presentamos unas reflexiones sobre dicha temática circunscrita al desarrollo de cualidades y fortalezas.

El Dilema

Hay dos puntos de vista extremadamente diferentes sobre las fortalezas que una persona puede desarrollar:

1º » Jugar las cartas que te tocan». Un bloque de mármol es el símbolo de esta expresión. Es probable que haya escuchado la historia de Michelangelo Buonarroti, a quien se le preguntó cómo creaba estatuas tan bellas. Respondió que imaginaba la figura en el interior del bloque de mármol, y que su trabajo consistía en quitar todo el mármol que sobraba (1). Esto describe la primera visión del desarrollo de las fortalezas. Residen dentro de ti. Están contigo desde que naciste. No siempre son visibles para los demás o para ti. El reto, por tanto, es descubrirlas.

No estás creando nuevas fortalezas, ni haciendo mucho para expandirlas o darles forma. No te dan la posibilidad de elegir. Este punto de vista es sostenido por muchos, que han sido grandes campeones en descubrir sus fortalezas encontrando las formas de usarlas con fuerza y éxito.

2º. Hacer una elección libre. Esta visión de las fortalezas podría denominarse «el enfoque Benjamín Franklin». Quienes conozcan la historia de Benjamín Franklin, recordarán que, a los 20 años, decidió desarrollar 13 virtudes. Éstas incluían cualidades como la templanza, la frugalidad, la resolución, el orden, la industria, la justicia, la moderación, la limpieza, la humildad y la tranquilidad. Franklin creó una hoja de verificación en la que registraba regularmente la autoevaluación de su progreso en la adquisición de dichas virtudes. No hubo ninguna consideración sobre cuál de ellas le resultaba natural. Su selección de dichas virtudes se basó en las cualidades y comportamientos que deseaba adquirir, tomando como referencia sus lecturas de literatura clásica y sus observaciones de otras personas a las que admiraba. Seleccionó abiertamente las cualidades por las que, finalmente, fue conocido.

Reflexiones

Estas perspectivas tan opuestas resaltan la gran pregunta para aquellos que somos partidarios de una filosofía de las fortalezas: ¿Tenemos libertad para seleccionar las fortalezas y desarrollarlas? Esta elección puede estar impulsada por algún comportamiento que consideramos esencial y que queremos desarrollar por cualquier motivo. Más aún, puede ser algo que su puesto de trabajo actual necesite, que su organización necesite de usted o que su situación vital  le demande.

Tener alguna tendencia innata puede ayudarle a desarrollar la fortaleza seleccionada pero éste no es el factor decisivo. Los padres generalmente confirman que ciertos comportamientos y actitudes se manifiestan a una edad relativamente temprana. Estamos de acuerdo en que no se puede negar el impacto de la genética en potenciar el desarrollo, pero no lo determina ni lo limita. Los estudios realizados con gemelos idénticos separados al nacer, sugieren que su genética influye fuertemente en un tercio de sus comportamientos. La conclusión es que dos tercios de sus comportamientos no están impulsados genéticamente (2). La respuesta a la antigua pregunta, «¿Los líderes se hacen o nacen?» no tiene una única ni simple respuesta. De hecho, es una combinación de las dos y el componente con mayor peso es «los líderes se hacen», en lugar de «nacen». (3)

Adoptamos firmemente la posición de que el desarrollo de las fortalezas va mucho más allá de la mera identificación de tendencias o inclinaciones con las que se nace. Nadie debe sentirse fuertemente constreñido por la creencia de que está destinado a descubrir solamente aquellas fortalezas con las que nació. Ésta es una visión extremadamente limitada y estrecha del potencial humano. Es más, es una visión extremadamente limitada de lo que le puede pasar a una persona a lo largo de su vida (4). Que las personas no puedan crecer y desarrollarse durante las ocho o nueve décadas de su vida, es una visión extremadamente deprimente del potencial humano y de la condición humana.

Si aplicamos estas reflexiones al Modelo del Líder Extraordinario de Zenger-Folkman y del Grupo P&A, nos dice que: Puedes aprender estratégicamente. Puedes aprender a ser un mejor solucionador de problemas. Puedes aprender a comunicarte de forma más efectiva. Puedes aprender a tomar la iniciativa. Puedes aprender tu capacidad de innovación. Puedes aprender a ser un destacado miembro de un equipo y colaborador. Puedes aprender a ser más resiliente. Éstas, y otras fortalezas, pueden no haber sido insertadas genéticamente en nosotros, pero al igual que Benjamín Franklin, puedes adquirirlas.

(1) La frase fue: «Cómo puedo hacer una escultura. Simplemente retirando del bloque de mármol todo lo que no es necesario».

(2) Incluso entre gemelos idénticos criados en el mismo ambiente se desarrollan comportamientos distintos, a veces contrarios, que suelen ser complementarios («unidad del par»).

(3) Warren Bennis dijo: «El más peligroso de los mitos acerca del liderazgo es que se nace líder, que hay un factor genético de liderazgo. El mito manifiesta que la gente simplemente o tiene ciertas características o no las tiene. Eso es un sinsentido; de hecho, lo opuesto es lo cierto. «Los líderes se hacen, más que nacen»

(4) El tema de la libertad (libre albedrío) y la predestinación fue debatido ampliamente por la filosofía y la teología durante los siglos XVI y XVII en Europa, especialmente en España. Como expresión de este tema profundo y fundamental, tenemos a dos autores dramáticos: Tirso de Molina y su obra «El condenado por desconfiado» y Calderón de la Barca con dos obras, una muy conocida » La vida es sueño» y  «La hija del aire«.

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